Los critales cambian el color de la luz, volviéndola cálida y apaciguadora.
El humo vicia el aire.
Es hora de dormir, pero la luna no se va.
No deja de brillar.
Como si de un fulgurante, flagrante y crisol Sol se tratase.
Los lirios y las rosas desprenden un sueva y tenue olor a vida.
Los sueños despiertan y los árboles echan a correr, buscando un remanso de paz.
La locura se apaga y anega en los más fehacientes y fervosos corazones.
El mundo despierta y la luna sigue brillando.
Las lágrimas usurpan su hermoso rostro, llenando la tierra de amor y de sombras.
Y todos siguen su marcha en pos de nuestro futuro.
De nuestro dulce y luminoso futuro.
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