viernes, 28 de septiembre de 2012

Las Runas del Cielo.

Allá donde mires, solo luces verás.
El humo y la niebla ciegan los ojos y la mente.
La presión y el bullicio queman la piel como si papel en una hoguera fuera.
La vida fluye en el aire y la muerte hace tambalear tus pies.
El dulce acero de un beso y una mirada envenenan tu alma.
La embriagadora fruta del pecado corre libre en tus entrañas.
Una solitaria y sensual presencia, con olor a rosas y a muerte.

Las luces son tragadas por un inmenso y oscuro océano.
El corazón y el alma mueren lentamente en una fugaz lágrima.
Las cenizas anidan en las venas, esperando taponar las arterías hasta su asfixia.
La muerte danza triunfante mientras la vida llora en un yermo prado.
Y el alma vuelve a morir. Y el alma vuelve a llorar. Y el alma vuelve a nacer.
El pecado se convierte en una lujuriosa virtud, impulsando bárbaros instintos.
Y ella se va. Ella se va y deja un vacío inconmensurable. 
Un vacío que no puede cicatrizar. Una sonrisa macabra.