Deja que yo haga realidad tu caótico deseo.
Tengo el poder de la nada y la voluntad del vacío.
Soy el juguete roto que se encarga de fraguar la felicidad.
Yo me encargaré de crear la inigualable belleza del dolor.
El mortal fulgor que atraviesa la aciaga alma de los acariciados por la flor roja.
Llena de promesas y vanas dichas.
Venga, enséñame tus cartas. Juguemos.
Terminemos esto juntos. A fin de cuentas, solo seremos nosotros.
Yo haré nuestros deseos realidad.
Infectado por este veneno.
Nacido de esa inciencia cierta de incierto saber.
Es hora de disfrutar la inevitable muerte con lujurioso pecado.
Dejar morir el tiempo en nuestros belicosos labios.