Y esto es cierto, todos somos relevantes en la vida de las personas que nos rodean.
Podríamos desaparecer o simplemente no comunicarnos, y nadie notaria la diferencia. Y claro, esto es una putada.
La esencia de esta afirmación radica en el hecho de que no dejamos una huella tan profunda en las personas como nosotros creemos.
Llega un punto de inflexión en toda relación en el que las cosas se vuelven un tira y afloja.
Siempre habrá una de las dos partes que tenga más estima hacia la otra. Pero claro, esto es normal hasta cierto punto, ya que siempre sentimos más preferencia hacia uno que hacia otros.
El problema llega cuando te das cuenta, de que nadie tiene esa preferencia hacia ti, y si, diría que te conviertes en un marginado, pero ojalá todos los que nos sentimos en esa situación nos besáramos con Emma Watson y comiéramos brownie con marihuana, así al menos de haría más llevadero.
Personalmente veo que soy relevante en la vida de todas las personas que me rodean, ¿triste? Pues si, un rato largo.
Pero si algo he aprendido de la adolescencia, es que las personas vienen y van, y que el tiempo pone a cada uno en su lugar.
No me cansaré de moverme hasta encontrar mi lugar, aquel donde encajar, y dejar de moverme entre grupos sociales que lo único que hacen en chuparte la energía vital y ponerte de mal humor.
Es cierto que hay personas que no me gustaría perder, todo hay que reconocerlo, no obstante, soy bastante radical, y claro, si no observo una acción altruista hacia mi persona, pues por mi pueden arder todos en el infierno.
Pasar de colegas a amigos lleva su tiempo, hace falta confianza , experiencia, conexión... Pero para pasar de amigos a colegas no hace falta nada, el tiempo y la vida te separan de esas personas con facilidad.
Todos compartimos un destino, y es haber nacido de las estrellas, pero nuestros destinos dejan de entretejerse con el paso de los eones.