Siempre fluyendo cual río montañoso.
El tiempo implacable arremete contra la vida.
Secándola y marchitándola, robándole la esencia.
Como una fugaz tempestad que desata estragos en el corazón.
Como si los diamantes de mi vida, cayeran al abismo de la muerte.
Careciendo de valor, olvidando su sabiduría, perdiendo su poder.
Allá donde el tiempo destroza, la vida planta rosales de esperanza.
Allá donde el tiempo yerma, la vida siembra la dicha de un luciferoso destino.
Allá donde el tiempo mata, la vida infunde "amare".
Y ahí acaba todo.
El tiempo se duerme en un molesto rosal, esperando que alguien le quite las espinas de su acerado corazón.
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