Desconocidos, extraños por naturaleza.
No sabemos quiénes somos.
No sabemos qué seremos.
Solo sabemos lo que hemos sido.
Un vestigio atemporal de una vida vacía en sensaciones.
Y siempre ocurre lo mismo, nuestro reflejo es inocuo y monócromo.
Y las plumas caen, matando nuestras dulces alas.
Sigue mirando con esos vacíos ojos.
Que no ven más que un oscuro y solitario mundo.
En busca de ese ser perfecto que le traiga el dulce beso de la muerte.
En pos de una sonrisa pletórica.
Pero ese dulce espejo, no volverá a reflejar nuestras hermosas sonrisas.
Por qué están rotas, y hay que coserlas con retazos de recuerdos lejanos.
Recuerdos tuyos.
Recuerdos míos.
Que se queman por las plúmbeas plumas de nuestras alas carbonizadas.
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