Corriendo por los solares surcos de nuestra alma.
Allá donde los cuervos anidan en busca de corazones.
Pero siempre hirviendo, hirviendo y explotando.
Nadando entre los vacuos rios de la vida.
Envenenando nuestra esencia y purgando nuestro interior.
Mientras fluímos lentamente, en una espiral de destrucción.
Fuego. Fuego y cenizas recorren tus venas.
Hasta el momento final.
Cuando ahoga y silencia tu alma, rindiendo tu vida al destino.
Hasta el momento final.
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