En algún ínfimo momento de nuestra insulsa y tediosa vida, se cruzan.
Y desatan la furia.
El caos se apodera de la carne, fustigando al alma como si el futuro estuviera en sus huesos.
Y el agua desnuda la vida.
La deja indefensa e imprevista de futuro.
Y tan solo hay un futuro.
Un solo ser omnisintiente.
Que todo lo siente y todo lo goza.
Y la sangre empaña los ojos de la vida. Y el viento sopla a nuestro favor.
Tan solo existe el deseo. Nuestro deseo.
Y nunca se apaga, siempre presente en nuestra benevolente alma.
Pero de algo se está siempre seguro.
Que el pasado, presente y futuro, nunca se vive solo.
Siempre aparece algún triste demonio para ensuciar nuestra alma.
Con su oscura sangre y sus afilados cuernos.
Esperando que entremos en el infierno con una sonrisa.
Una sonrisa pletórica.
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