Que el tiempo se rompa en mil pedazos.
Esperemos que nuestra espada dirija la realidad.
Hagamos un alto en el camino para dejar paso al miedo.
El fuego tan solo deja cenizas y cristales rotos.
El filo que antes sesgaba la realidad con templaza duerme.
Oxidado, mellado y manchado en sangre.
Si inútil vida espera la absolución de un alma atormentada.
El silbido del tiempo susurra un dulce beso letal.
Un viento que solo trae muerte y destrucción.
Un viento que antes eran caricias y vida.
Amor y muerte.
Danzando de macabra manera.
Pisando vidas, comiendo almas.
Y los ríos siguen fluyendo.
Y las montañas siguen duermiendo.
Y los vientos siguen danzando.
Danzando siempre, en una macabra obra.
Una macabra obra de la cual se desconoce el final.
Un final tan frío como el dulce y amigable beso de la muerte.
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