sábado, 24 de marzo de 2012

Vigilia.

Hoy también voy a actualizar con los sueños.
Actualizaciones atrás ya comentaba mi fatídico y odioso sueño de los dientes, el cual al final parecía querer decir más de lo que realmente mostraba, y digo esto, por que los acontecimientos acaecidos después solo han sido desatrosos, pero vamos, no me quiero desanimar más.

En este caso, el sueño que voy narraros (como adoro este verbo que no deja de utilizar la Poeta Atormentada) parece algo más "alegre".
Todo comienza en un lugar muy soleado, pero con un cielo anaranjado en lugar de azul, propio de las mejores puestas de sol, en las que el rojo baña todos los rincones de la ciudad y no deja un solo lugar con sombras. Un lugar de altos edificios, pero no abruptos, asimétricos y deformes como aquellos que se alzan en mi ciudad, sino que eran lisos, perfectos, de colores blancos y beige, rectos y perfectamente colocados equidistantemente, y allá, presidiendo la ciudad desde un montículo, uno grande y enorme, con campanas y vidrieras por todas partes. Pero entre los edificios había unos grandes túneles, que comunicaban todas las partes de la ciudad, eran del color del cobre oxidado, con enormes rampas que no dejaban de bajar nunca.

En uno de aquellos túneles había un chico con un monopatín haciendo piruetas y varios trucos con él. Me recordaba muchísimo a Zell Ditch, un personaje del videojuego Final Fantasy VIII, ya que era rubio y con los ojos claros, aunque no tenía ese pelo de punta, si no algo más a lo Beatle, que se ve que ahora está mucho de menos. Quizás por esa similitud con Zell mi susconsciente decidió ponerle el nombre de "Cristzell", que parece una fusión de Cristo y Zell de la forma más sencilla. Como si un skater californiano fuera a ser la salvación a mis estrepitosas actuaciones con los patines por la calle. En algún momento me pongo a hablar con él sobre patinar, y se ofrece voluntario para enseñarme a patinar de mejor manera, enseñándome a moverme con más celeridad y soltura, a no tener miedo a caerme de la peor forma, a saber controlar el equilibrio.

Curioso lo que puede enseñar un sueño nacido de la mente dormitada. Una vez controlo los patines como si una parte más de mi cuerpo fueran, recorremos toda la ciudad, por todas partes, pasando por las calles y túneles, hasta por los tejados y edificios, como si fuéramos pájaros con alas en los pies y cualquier superficie como si fueran corrientes de aire caliente para elevarnos y aumentar nuestra velocidad.

Llega un momento en el sueño, en el que recuerdo estar solo, mirando al Sol desde una superficie muy elevada, esperando a algo que me hiciera reaccionar. Nada. Un lapso de tiempo en el cual mi mente alcanza el estado Zen y olvida todas las preocupaciones, tras lo cual sigo patinando por la ciudad. Hasta que sin previo aviso, vero una persona. Ni que fuera raro encontrar personas en las ciudades. Sin embargo, se trataba de mi primera expareja, que se acercaba a mi sonriendo con cara de pícara. Mi primer impulso es correr. Y eso hago. Con alas en mis pies continuo mi inexistente camino huyendo. Pero de nuevo, vuelvo a encontrarme otra cara parecida y espina de mi corazón. De nuevo el impulso es correr hasta no ver nada.

Corro, patino, vuelo. Vuelo, patino y corro hasta no poder más. Patino sobre el acero, la tierra, el aire y la arena. La arena, si. He llegado a una playa, y sigo patinando hasta llegar al mar, donde la turquesa y cristaliza agua  me pasa de golpe el deslizarme por la arena. No recuerdo caerme de boca en el agua, pero si recuerdo el brillante Sol atravesar el agua y deslumbrarme la cara. Cuando salgo del agua y levanto la vista veo todas esas caras. Todas esas personas que dejaron una marca de fuego en mi corazón. todas qeullas personas que arañaron la superficie de mi cristalina alma y la hicieron jirones, dejándome solo para reconstruirla. Tener a todas personas a mi alrededor y mirándome con esa cara de perversión y maldad, que solo puede significar una cosa me abruma, y salgo corriendo del agua tan rápido me lo permiten los patines.
Justo cuando estoy apunto de salir de su embrujo de seducción y promesas vacuas, aparece de nuevo ese chico patinador, Cristzell, que atraviesa toda la playa hasta acabar en el agua como hice yo, salpicando todo a su alrededor. Le hablo sobre como salir de esa playa, pero se había vuelto arisco, borde y agresivo. Se ha vuelto un misántropo total, al menos conmigo. Y claro, sin su ayuda, salgo yo solo de esa paradisiaca playa, volviendo a uno de los túneles.

Pero para mi sorpresa, dos de esas espinas me siguen. Esas dos espinas que más reciente son. Esas espinas de una hermosa rosa y de un tierno lirio. Si, en mi sueño los lirios tienen espinas.
Curiosamente, a mi mente le parece gracioso que tenga sexo con ambas flores en mi sueño. Y eso es lo que pasa, tengo un encuentro fogoso con una beoda rosa y un sordo lirio, que sé que tan solo buscan el placer propio, y no el disfrute y goce de ambos. Pero yo conozco a estas flores, y sé lo que pasará.
Así que decido disfrutar al máximo de ese florido trío de ensueño mientras pueda, pero en un fogoso mordisco a mi hermosa rosa todo cambia; su cara se marchita y decide que no quiere eso, que prefiere algo inexistente, construyendo castillos en el aire, allá donde las nubes son de clavos y azufre. Decide desaparecer de ese pasional encuentro, dejándome solo con el tierno y virginal lirio.
Y ahí sigo yo, pecando con la blanca flor, realizando todo aquello que nos gusta, jugando con la lengua y las manos, como si fuéramos dos niños pequeños que cogen y chupan todo aquello que encuentran (Sí, va con doble sentido) de manera inocente y pura. Justo cuando se decide culminar el encuentro con el lirio. éste decide que no, tampoco quiere ser cuidado en mi hermoso jardín personal, ese "Garden Of Madness" que es mi alma, y como hizo la beoda rosa, el sordo lirio se desvanece de la manera más fugaz posible.

Y de nuevo me encuentro solo. Solo y desnudo. Solo, desnudo y con miedo, pensando que jamás aparecerá esa flor que quiere crecer en mi tierra, ser nutrida por mi corazón y alimentarse de mi alma. Como los sueños, sueños son, de la nada aparecen una pareja de mujeres adultas, aunque la verdad, no recuerdo bien el aspecto de ambas, solo sé, que una tenía el pelo muy corto y oscuro, y que su cuerpo era duro y fuerte, nutrido por la vida, pero la otra, como si de una antítesis suya se tratase, es rubia y con el pelo largo.
Ambas parecen contarme alguna de esas historias a las que yo respondería "Ey, no me rayes la integral" y de la que hago caso omiso, pero cuando se dan cuentan de mi caso omiso la más masculina de ellas intenta llamar mi atención con gritos y gestos, y una vez tiene mi atención captada por la curiosidad, deja ver tras de ellas una hermosa chica, de largos cabellos claros como la luz y unos grandes y expresivos ojos llenos de sentimientos, que parecen decirme "espera esta nueva flor". Y eso hago, esperar esa flor.

Ese es el sueño, bonito ¿verdad? Aunque creo que podia haber sido más detallado, francamente, mi mente no sabe expresar mis sueños, ni mis manos plasmarlos de forma artística y hermosa.
Pero como se dice en la literatura española, "La vida es sueño, y los sueños, sueños son" así que seguiré esperando en sueños a que aparezca mi amada rosa que quiera crecer y germinar conmigo.


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