Pero no quiero decir que lo sea por qué se haya convertido en una moda fashion eso de tener algún tipo de trastorno mental o de personalidad.
No es algo de lo que me guste alardear o me ría. O sí, por qué no, siempre es mejor sacar una sonrisa en los peores momentos, pero esto es algo que me puede.
¿Sabéis esa sensación de vacua felicidad que se turba por un oscuro e injustificado pensamiento?
¿Esa sentimiento de miedo que irrumpe en tu cerebro e inunda todas tus neuronas hasta infectar tu marchito corazón?
¿La felicidad que surge sin ningún tipo de motivo, tan solo en una inesperada situación?
Son algunas de las preguntas que se hace mi cerebro en esos momentos de tensión
En los que la mente corre más que el cuerpo, y el corazón es tan solo un lastre, que lo único que hace es sentirte más y más lento, cuando tu mente se aleja del cuerpo, como si no tuviera ninguna preocupación la muy jodida.
Mi problema reside en algo muy sencillo, una zancadilla.
Cuando me considero realizado, o feliz, o algo llega a mi con muchísima ilusión y felicidad; mi mente llega con su enorme espadón, su inteligencia pecaminosa y ataca de la forma más impía posible. Siempre susurrando esas palabras tan duras "¿Por qué iba a ser verdad? ¿Qué te hace creer que esto sea real? ¿De verdad crees eso?" ¿Por qué siempre tiene que joderme esa maldita conciencia ominosa?
Siempre tiene que adelantarse a mis movimientos y a los del mundo y suponer el millar de finales posibles, y cómo no, elegir siempre el más caótico y enrevesado posible.
Aunque la verdad, no le culpo de nada, siempre ha tenido razón.
No quiero parecer que sea una persona con malas experiencias y mucha negatividad realista (Aunque la verdad, no me alejo mucho de esa triste definición). Pero sí que es verdad que puedo pasar de el estado más rebosante de felicidad a la más triste escena meláncolica mental.
Ahí radica una situación espinosa. Si todas las ilusiones van a acabar de mala manera ¿Para qué ilusionarse? Ese es el problema del ser humano, si no puede seguir adelante sin ilusiones ni sueños ¿Cómo hace para aunar ilusión y optimismo? Me juego la mano derecha a que no soy al único que le pasa algo similar, que no es capaz de estar tranquilo augurando un triste final.
La verdad, los malos recuerdos siempre van a ser una oscura reminiscencia que enturbie nuestras ilusiones de seguir adelante con la más firme fortaleza. Y digo todo esto por qué, sinceramente, no me siento bien.
Sé que se acerca un oscuro final, que romperá mis más bellas ilusiones, dejándolas marchitas y hechas jirones, como una dulce muñeca de trapo que se ha enredado en un rosal.
Sé que ese final no tardará en darme un tortazo para devolverme a la dura realidad, que me hará caer de nuevo en este egoísta mundo. Pero bueno, siempre ha sido, es y será así.
Nunca viene algo bueno sin ir de la mano con algo malo. Nunca volaremos lo suficiente para alejarnos de la oscura tierra que amenaza con engullirnos en su hermoso seno.
Pero no todo es negatividad. Si de algo me sirve ver todo lo malo es para esclarecer lo bueno, para poder apreciar más y mejor esa luz fulgurante y hermosa, que jamás deja de brillar.
Esa ilusión que nunca se apaga, y que nos guía desde tiempos inmemoriales: La Felicidad.
Si bien podemos sentarnos a esperar a que las cosas se arreglen, a que nuestro rompecabeza encaje solo, de manera natural, tan solo lanzándolo al aire y esperando a que, de sus posibles azarosas combinaciones, salga nuestra Felicidad.
Sin embargo, esa visión perezosa de la vida no va conmigo. Al igual que los héroes griegos, yo necesito luchar por un ideal y ser feliz con mi meta. No puedo esperar a que simplemente mi vida se enderece.
Así que, pese a todo lo malo que pueda ocurrir, siempre estaré ahí; con mis guantes de acero, para sacar las venenosas espinas que infectan mi alma, con ungüentos de mimbre y bambú, para curar los arañazos de mi cuerpo y hacerlo flexible ante la adversidad y con hilos de esperanza, para hilvanar y coser mi alocado corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario