Quería haberlo hecho antes, pero no sabía ni cuándo ni con qué.
El viernes estuve patinando toda la tarde por las calles de Benidorm, bastante descargante la verdad, y luego por la noche estuve fumando cachimba con los amigos así que no pude.
Luego llegó el sábado, y más party de lo mismo. Hacía tiempo que no veía a compañeros del trabajo, y la verdad, los echaba muchísimo de menos, así que quedamos los de siempre, ya que una compañera que estudia en Castellón vino a pasar un par de días, y estuvimos toda la noche de fiesta. Que beodo fuí esa noche, en serio, no recordaba lo tantísimo que me gustaba salir de fiesta por la noche.
Después llegó el domingo, y ya que el lunes no había clase por ser el día del padre o algo de eso, pues quedamos en casa de mi Poeta melancólica para ver películas de Harry Potter. Si, llamadme Muggle si queréis, pero en la vida he visto más allá de la tercera parte, "El Prisionero de Azkaban", pero es que nunca me llamó esa saga, no por nada en especial, simplemente no me atraía, aunque bueno, ahora con esta gentecilla tenemos pendiente verlas todas. Y la verdad, ese domingo me lo pasé genial, yo no me callo en las películas, tengo que comentarlo todo, por qué a ver, hay cosas que me parecen absurdas o incoherentes, y claro, tengo que decirlo para que me digan si estoy equivocado o no. En cualquier caso fue genial.
Y como colofón del fin de semana, llegó el lunes, día en el cual terminé mi amado BioShock 2. Ay de verdad, que final tan bonito y sentimental, breve, pero intenso, y da mucho que pensar.
Ahora bien, he logrado resumir cuatro días en unas escasas líneas, y ahí es donde quería yo llegar.
¿Nunca os habéis parado a pensar que el tiempo para muy rápidamente? ¿Qué la monotomía nos atrapa lentamente y nos envenena con el dulce sabor de la efímera felicidad?
Eso es algo que no me gusta para nada. Odio tener que hacer las cosas como si fuera un autómata.
Es como si de pequeños nos programaran para hacer las cosas miméticamente y no nos cuestionáramos el por qué o para qué.
Nos limitamos a vivir nuestra vida con las vacuas experiencias del día a día, que si, realmente nos enseñan y ahí reside parte de la felicidad, pero ¿quién no ha pensado alguna vez en escaparse un día para hacer algo diferente? Eso me recuerda a aquello que hablaba con mi querida Natalia. Ella vive en Madrid, y siempre me decía que tenía el impulso de coger otro metro, e irse a cualquier otra parte a pasar la mañana, que si, que sigues dentro de Madrid, pero ya no es lo mismo, estás en otra parte, allá donde no te corresponde en esa hora.
Me encantaría hacer eso, levantarme una mañana y decir; "Pues hoy no" e irme a cualquier otra parte. Sin embargo, soy demasiado perezoso para hacerlo solo, incluso para levantarme con esa idea.
No obstante, la rutina y la monotomía nos enseñan a tener disciplina y paciencia, a trabajar lentamente por un fin y una meta lejanos que alcanzamos tarde o temprano. Pero ¿está mal tomar atajos o hacer trampa?
Yo soy una persona que suele faltar a clase, no por nada especial, si no por qué me suele subir la fiebre cuando acumulo cansancio a lo largo de la semana y luego cualquier tontería como un dolor de cabeza o de estómago se agraba muchísimo, y aun así, no me cuesta nada estudiar o aprobar algunas cosas que se consideran difíciles (las apruebo de "aquella" manera, pero sigue siendo un aprobado)
En cualquier caso, muchas veces pienso, "¿Qué haré mañana?" aun asabiendas que tengo clase y que debo asistir. Me gustaría pensar que mañana estaré lejos, que me esperan nuevas experiencias en cualquier otro lugar lejos de mi monotomía. Que hay otras luces detrás de ese cielo que veo cada mañana.
Si me sigo parando a pensar, el tiempo pasa muy rápidamente. Ayer mismo estaba llorando en el patio de párvulos por qué no quería separarme de mi madre y no quería ir a la escuela, y hoy mismo, tengo casi una veintena de años y sigo igual de curioso que el primer día, con ganas de conocer cosas.
El tiempo pasa impasiblemente para todos, es ese río en el que siempre nos bañamos todos, pero que no lleva siempre la misma agua, que no espera a nadie ni nada. Que es eterno y efímero.
Sé que se acerca un nuevo mundo que podré ver. Una nueva vida me espera más allá del tiempo y el destino. Soy todavía muy joven para hablar del futuro como si me esperase con las manos abiertas y en cada mano un melocotón, y digo melocotón por qué es una de mis frutas favoritas, aguardándome con la mayor de las esperanzas y dichas. Pero ahora quiero ser positivo y pensar que que el futuro es un prisma, que nosotros somos un rayo de luz, y nuestras experiencias y sentimientos son todos los colores que proyectamos.
La verdad que soy bastante bipolar. Hace tan solo una semana me estaba quejando de mis malos augurios, que si, me han pasado cosas muy malas y que me ha hecho picadillo de carne y sentimientos, sin embargo, como siempre dicen, "lo que no me mata, me hace más fuerte" y tener esos bajones son naturales, pero siempre saldré adelante. Solo o acompañado, siempre adelante.
Bones Noites Dementios.
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