domingo, 11 de marzo de 2012

Felicidad.

Qué rápido pasa el tiempo y cuán estragoso puede ser.
Siempre me han dicho que las heridas se curan con el tiempo ¿Pero quién o qué cura al tiempo?
No estoy del todo seguro de eso, es más, creo que la espera y el paso del tiempo es más doloroso.
Si, hablo de esas heridas que mellan nuestra alma y la van fragmentando poco a poco, hasta convertirla en un espejo roto y mermado por los golpes, que tan solo muestra una imagen grotesca de nosotros mismos.

Sigo sin estar bien, no voy a esconderlo, aunque eso no implica que no pueda sonreír sinceramente.
Una cosa es estar mal y otra muy distinta estar triste. Muchos tendemos a confundir sentimientos con sensaciones. ¿Nunca os pasado que estáis solos en casa, estudiando o haciendo cualquier cosa, y os dado por ir a la cocina creyendo que tenéis hambre pero en realidad estáis aburridos?
No, no me digáis que nunca os pasado algo similar, por qué no me lo creería. Otro ejemplo; Un amigo hace un par de semanas me decía que tenía las uñas muy cortas (me las muerdo cuando estoy nervioso) y el muy largas. Yo le pregunté qué cómo hacía para dejárselas crecer, si él también se las mordía antes, y me dijo, que cuando estaba en casa estudiando o algo y se mordía las uás, automáticamente iba a comer a la nevera. Sin tener hambre, tan solo comía por nerviosismo (el muy cabrón además no engorda)

El caso es ese, que tendemos a confundir lo que percibimos con lo que sentimos. Otro ejemplo ¿Quién no se alegra de comer su plato favorito? A todos se nos hace la boca agua con el simple hecho de pensar en nuestro sabor favorito.
Asociamos la Felicidad a los buenos momentos que vivimos día a día. Pero eso no es del todo equívoco (todo en esta vida es relativo), como ya decían los filósofos griegos como Epícuro o Platón, la Felicidad es algo que flota en el ambiente. Si algo no es benefactor, evidentemente, sonreíremos, y ¿No es la sonrisa una muestra de felicidad?
Vale, no debería decir eso precisamente yo, que soy cual muñeco de trapo con una sonrisa cosida, pero si que es verdad, que las verdaderas sonrisas denotan esa efímera felicidad del momento.

Pero la felicidad no es un estado de ánimo, sentimiento o cualquier mierda de esas. Mi "Idea" de felicidad perdura más en el tiempo, es eterna. Es esa pasión que se gesta en el más profundo interior de nuestra alma, que hecha raíces y se nutre de los logros y las experiencias que vivimos. Como un pequeño árbol que hace su trabajo con todo aquello que le aportamos y, que finalmente, cuando realiza la fotosíntesis nos envenena con un agradable bienestar y paz interior.
Muchos dicen que la felicidad es el final del camino, ese punto en el que logramos nuestras metas. Muchos otros dicen que es ese camino que se sigue hasta nuestra meta. Nada de eso me convence, yo me quedo con mi idea de árbol avaricioso.

¿Por qué creo en esa idea de felicidad?
Muy sencillo, como ya he dicho, es como un árbol. Firme, robusto y terco contra las adversidades, que no se inmuta antes nada ni nadie, sin embargo, es constantemente atacado por viles llamadaras de terror que lo ahogan y marchita.
No obstante, la fortaleza de este árbol reside en su capacidad para resucitar. Siempre logra revitalizarse a pesar de haberse hecho cenizas y haberse diluido en las mareas del viento. Logra germinar eternamente a pesar de que la tierra sea arcilla y huesos.
Jamás podrás matar la Felicidad. Tiene esa habilidad de ser como un boomerang y volver constantemente cuando menos te lo esperes.

Pero este árbol es desnudo y frágil, por muy fénix que sea, todo le afecta. El más mínimo desajuste puede hacer que pierda todas sus hojas y que sus raíces se sequen y marchiten.
La Felicidad es muy frágil, eterna, pero no inmutable. Debe estar constantemente alimentada por ilusiones y sueños, personas y experiencias.


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