jueves, 23 de febrero de 2012

Empatía.

Siempre me he considerado una persona egoísta. O manipuladora.
En cualquier caso, siempre he creído que era una persona mala.
De esas que piensas que se quedarán sin amigos por sus malas acciones.
No obstante, no soy.
Soy todo lo contario, alguien que antepone el bienestar de los demás al suyo propio.
No quiero decir que sea una persona que se deje manipular, pero si que me gusta ver la sonrisa ajena.
Sin embargo, algo que choca muchísimo con mi forma de ser es la mente ajena.
Si si, cualquier otra persona. Jamás lograré entender por qué hacen muchas de las cosas.
Vale, si es como mi razonamiento lógico lo entendería; "Hago las cosas por un bien mayor, o sin ánimo de ofensa" Pero la gente no actúa así. No la gente que conozco.
Quien yo conozco se dedica a actuar por impulsos. Su cerebro o sus genitales les dicen
"Ey, haz esto, tiene lógica, es lo que te apetece" y ellos van, y como si de un autómata se tratase lo hacen.
O algún que otro caso peor. La gente piensa en lo único que se puede beneficiar o lo bien que puede quedar y no les importa pisar la cabeza de las demás personas para conseguirlo.
Es decir, la gente que conozco se guía por impulsos y deseos egoístas.
Suena muy triste.
Si , de verdad, suena muy triste que una persona joven y vivaz se guí por lo que le dicta el cuerpo, por instintos animales o por el simple hecho de dar una imagen equivocada de sí mismos, todo por aparentar ser más.
Y no me quiero meter en el tema de la apariencia o encajar en determinados grupos, por que eso es otra historia.
Esto es un hecho presente en cualquier amistad. Siempre hay una de las partes que se alza sobre la otra por motivos egoístas. Ya sabéis, como esas parejas homosexuales en las que una de las partes se dedica a dar y la otra a recibir.
Siempre habrá uno de tus amigos que se aproveche de lo bueno que eres. Al igual que habrá uno del que te aproveches.
Esos engranajes que forman la amistad no me gustan. Uno no debería depender de esa forma de una persona que te brinda felicidad, afecto y un sin fín de experiencias inolvidables.
Aun pese a todo, tengo la esperanza de que ciertas personas que creo merecedoras sepan apreciar lo que de verdad se les ofrece y con ello, ofrecer lo mejor de si misma.
Tengo la esperanza de un mundo más empático y altruista.


Me despido esta noche con una canción de la banda sonora de Skins, aquella serie sobre adolescentes drogadictos que tanto me gustaba, gracias a una de esas personitas especiales.

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