viernes, 24 de febrero de 2012

El Rey y el Lobo

Esta semana ha sido una mierda monumental.
Y si, es verdad que aún no ha acabado, que todavía estamos en la madrugada del viernes.
Pero no tiene pinta de que vaya a mejorar.
Quería haber actualizado esto con algo ingenioso o que diera que pensar.
Sin embargo, no tengo la mente demasiado lúcida como para ponerme a filosofar sobre algo.
Así que esta vez actualizaré con un cuento que escribí hace mucho, sobre un joven rey y un lobo de su reino.
Ale, disfrutadlo y hasta la próxima, Dementios.


"Érase una vez, existió un reino muy muy cercano. Bañado por los rayos del sol y con el aroma que estornudan las flores en primavera.
Era un reino próspero, pues su joven rey sabía escuchar a su pueblo y gobernaba de la manera más noble posible.
Un día, mientras el joven rey atendía asuntos (de extrema importancia) en su cómodo trono, el lobo del terreno apareció pidiendo una urgente audiencia con éste.
El rey enseguida apartó su trabajo y se dedicó íntegramente a la presencia del mamífero.

-¿Qué le ha hecho venir por aquí, señor Lobo?
-Verá su majestad, me preguntaba, el porqué del cese de mi caza. ¿Es que acaso ya no deseáis mi piel?
-¡Oh! Pensaba que sería un tema de mayor importancia.- Respondía el joven Rey quitando hierro a la pregunta.
-Bueno, si tenemos en cuenta, que ha dejado de intentar cazarme, y que ya no corro peligro, pues si resulta un tema importante para mí. ¿Quién puede asegurarme que ya soy libre en sus dominios y que puedo tener una vida llena de paz y tranquilidad? Nadie. Pues nadie es mi dueño, pero vivo en sus dominios joven Rey, y sé que desea mi  preciosa piel, que podría poner a todo su ejército en movimiento para así conseguir que me despellejaran y crearan una manta con mi piel, pero ¿Por qué no lo ha hecho ya?

El joven Rey hizo una pausa. Cavilaba su respuesta y buscaba las palabras para que el Lobo lo entendiera con suma facilidad.

-Viejo amigo Lobo, si bien sabemos los dos, tú llevas muchos más aquí que yo. Conoces perfectamente nuestro precioso reino, así que enviar un ejército a la nada sería una tontería, ¿verdad?
-Joven Rey, no me haga reír, ambos sabemos que si de verdad deseara mi piel, en el momento en el que había cruzado la puerta del palacio tus hombres me habrían arrancado hasta los dientes para hacerle un collar. No quiero estar libre de peligros, solo quiero valor para afrontarlos.
-Está bien Lobo, te contaré la razón por la que he dejado de darte caza.
-Soy todo oídos.
-Cuando uno de verdad anhela algo, cuando tiene un deseo que cumplir, un sueño que alcanzar, solo puede hacerlo realidad si de verdad se puede.
-¿Qué quieres decir Terco Rey?
-Sí, yo podría quedarme con tu piel ahora mismo, pero no estaría bien.  Lo que más puedo anhelar en este momento es poder acurrucarme con tu piel y resguardarme del frío. Esperar cada año a que llegue el Invierno y que con él pueda de nuevo utilizar tu piel. Pero no así.
-Sigues sin responderme a lo que quiero Terco Rey.
-Todo a su tiempo, impaciente lobezno.  Es verdad que tengo el poder de cumplir mis deseos, pero tengo en cuenta a todos los seres que habitan mi reino, ¿y por qué negarlo? Te he cogido aprecio entre tanta cacería. No voy a resignarme a mi sueño, pero esperaré a que, algún día, seas capaz de sacrificar algo por mí.
-¿Sabes que ese día está muy lejano, incluso que nunca llegue? Puede, que cambie de reino, que emigre de estas tierras, y que jamás me veas.
-En ese caso, me resignaré, habré perdido mi oportunidad y no podré recuperarla.
-¿Pero por qué te resignas a ello? ¿Por qué no me das caza ahora mismo y me haces tuyo?
-Porque no quiero tratar de esa manera a algo que aprecio tanto. Conseguir un deseo, una meta, un sueño, de una forma que después te haga sentir mal, no es crear tu propia felicidad.
-Entonces ¿Esperas a que llegue un día, en el que te yo te diga, que puedes quedarte mi piel? Bueno, de los sueños también se vive."


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