lunes, 6 de agosto de 2012

El Lugar del Infierno.

Todos iremos al infierno.
Siempre nos dicen que terminaremos allí, que es nuestro lugar.
Pero nadie sabe dónde está.
Ese tenebroso y oscuro lugar que todo mal absorve es desconocido.
Su desconocido paradero escapa del conocimiento y la lógica.
Pero yo sé dónde está.
El infierno se encuentra al este de la fría y blanca nieve.
Aquella cuyos copos parecen totalmente unidos, pero entre ellos la distancia se mide en eones.
Aquella cuyo amor es quebradizo y frágil, deshaciéndose en tibias lágrimas formando un río primaveral.
Aquella cuya altanería irrita y enfada a todo ser a su alrededor.
Si, al este de esa nieve, se encuentra el infierno.
Pero aunque nadie lo crea, el infierno está completamente rodeado.
El infierno se encuentra al oeste del viento que todo lo lleva.
Aquella brisa que trae lujuria y tentación, que despierta los más profundos instintos.
Aquella brisa que inunda tus pulmones de preocupación y ternura.
Aquella brisa que derrite tus ojos para verlo todo desde otro prisma.
Si, al oeste de ese viento, se encuentra el infierno.
Pero el infierno está al sur de un templo de sabios.
Un templo erigido para la más profana y lasciva sabiduría.
Un templo alzado para guiar a las almas en pena hasta el final de sus días.
Un templo construído para infundir fuerzas en aquellos que pierden la fe en su vida.
Si, al sur de ese templo, se encuentra el infierno.
Pero el infierno está totalmente rodeado. Se alza imponente al norte de un yermo desolado.
Un yermo donde los corazones vacíos vagan en busca de un final para su existencia.
Un yermo donde los vacíos cuerpos intentan nutrirse de las emociones de una silente luna.
Un yermo donde los seres que no debieron nacer devoran los sueños de la luz.
Si, al norte de ese abismo, se encuentra el infierno.
Y en el infierno los demonios también lloran, pues, pese a todo, siguen teniendo un corazón humano, que los hace frágiles a las emociones que fustigan sus tristes almas.

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